Promesas de días mejores.
Mis ojos ya no supieron a qué atenerse.
Se hicieron peregrinos en tus labios
y ya nos les importó
lo que les contara el resto del mundo
porque de tu sonrisa nacía
toda la verdad reveladora,
y leían
toda la alegría naciente,
y recibían
toda la información necesaria.
Mis manos se prepararon, defensoras
de tu risa y de tus gestos serenos
pero ya otro tacto era un fraude
frente al de tu piel cruda y suave,
criada entre playas y libros,
que me recibió con olor a libertad,
a amaneceres, a promesas de días mejores.
Piel absurda e infinita en la noche,
tan cálida y fresca a la vez,
arrolladora y liberadora.
Mi mente se ha convertido en un torbellino
que avanza por tu espíritu
y ya no concibe pensamientos ordenados
y ahora escupe sentimientos sobre esta libreta
a la misma velocidad
a la que tú has accedido a mí,
a la que me has hecho sentir,
a la que me has creado una realidad
diferente a la que yo jamás concebí,
que será contigo y será lejana
y yo sentiré, me viviré, te acercaré.
Me recreo ahora en ese cuento pronto
y, hasta entonces,
en la cordura en la que aún creo que vivo
reinará una incertidumbre
paciente ante algo que contar.
Una promesa de días
inciertos y juntos;
inciertos y extremos;
inciertos y soñados entre risas.
Se hicieron peregrinos en tus labios
y ya nos les importó
lo que les contara el resto del mundo
porque de tu sonrisa nacía
toda la verdad reveladora,
y leían
toda la alegría naciente,
y recibían
toda la información necesaria.
Mis manos se prepararon, defensoras
de tu risa y de tus gestos serenos
pero ya otro tacto era un fraude
frente al de tu piel cruda y suave,
criada entre playas y libros,
que me recibió con olor a libertad,
a amaneceres, a promesas de días mejores.
Piel absurda e infinita en la noche,
tan cálida y fresca a la vez,
arrolladora y liberadora.
Mi mente se ha convertido en un torbellino
que avanza por tu espíritu
y ya no concibe pensamientos ordenados
y ahora escupe sentimientos sobre esta libreta
a la misma velocidad
a la que tú has accedido a mí,
a la que me has hecho sentir,
a la que me has creado una realidad
diferente a la que yo jamás concebí,
que será contigo y será lejana
y yo sentiré, me viviré, te acercaré.
Me recreo ahora en ese cuento pronto
y, hasta entonces,
en la cordura en la que aún creo que vivo
reinará una incertidumbre
paciente ante algo que contar.
Una promesa de días
inciertos y juntos;
inciertos y extremos;
inciertos y soñados entre risas.
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