Reto.
A veces pienso en el mar.
Sin más, en sus olas,
su movimiento constante,
incansable, eterno, hipnótico,
que ha maravillado a muchos,
aterrorizado a cientos
y mirado a tantos ojos,
directamente, ha retado
a intentar equiparalo,
en su conocimiento y vejez,
en su bravura y belleza.
Lo hacemos, queremos ser el mar.
Aceptamos su reto
y nos perdemos en el mundo,
para intentar abarcarlo.
Entonces el mar ríe,
desde su tranquilidad,
desde sus olas fieras,
nos hace pequeños y él crece.
Nos provoca y nos atrae
Nos hace temer,
nos hace querer más.
Sin más, en sus olas,
su movimiento constante,
incansable, eterno, hipnótico,
que ha maravillado a muchos,
aterrorizado a cientos
y mirado a tantos ojos,
directamente, ha retado
a intentar equiparalo,
en su conocimiento y vejez,
en su bravura y belleza.
Lo hacemos, queremos ser el mar.
Aceptamos su reto
y nos perdemos en el mundo,
para intentar abarcarlo.
Entonces el mar ríe,
desde su tranquilidad,
desde sus olas fieras,
nos hace pequeños y él crece.
Nos provoca y nos atrae
Nos hace temer,
nos hace querer más.
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