Calabazas y esqueletos.

Pasión dividida y cansada.
Hambrienta y ávida.
Abatida y voraz.
Guerrera y merecedora.
Paciente y ya no más.

Abierta en canal, expuesta,
impávida, dispuesta
a aguantar tus predicaciones
de amor y lealtad
que se diluyen y escapan
por un grifo sucio,
con restos del otoño,
de hojas caídas,
calabazas y esqueletos.

Lealtad entre aeropuertos,
continentes y océanos
magníficos, que se abren
eternos durante inviernos
helados e intransigentes
con los corazones rotos.

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