Querida Blancanieves.
"Amar es fácil",
me repite la voz dentro de mi cabeza,
con acento latino,
el de Aurora o Blancanieves,
de mi infancia en VHS.
"Solo tienes que esperar,
en tu desgraciada (pre)existencia
y el príncipe llegará.
Tú siempre tranquila.
Ahorita,
cuando menos lo esperes,
aparecerá con su séquito
de animalillos del bosque,
su sonrisa y su espada,
rompera tu tristeza
y todo será tan fácil
que nunca más tendrás que pensar."
Queridas princesas, contestad:
cómo espero en este bosque,
espinoso, sin veredas,
a un príncipe triunfante,
que me llevará a un prado,
con flores, a bailar un vals,
para que sonriamos
y lloremos sólo de felicidad.
Si mi vida se construye
a partir de una rueda que no para,
¿cómo hago si nunca quiero realmente parar?
¿Si quiero llorar descalza
entre ramas y barro,
animales salvajes,
sombras en oscuros bosques?
¿Si no quiero prados, ni tranquilidad?
Os ruego, camaradas princesas,
les hagáis llegar este recado,
a vuestros amigos luchadores:
Se busca apuesto príncipe,
o no tan apuesto, o no tan príncipe,
que sea valiente, o no tan valiente,
(que con mis demonios ya me apaño yo)
que quiera subirse a una rueda,
que no dejará de rodar por su presencia,
cuya habitante, no dejará de pensar ni caminar,
ni sabe bailar el vals.
Se requerirá
que se quite los zapatos,
la sonrisa y voz de teatro,
su séquito también fuera.
Pero si está muy ocupado,
él tranquilo, que haga sus batallas,
yo esperaré,
en mi desgraciada (pre)existencia,
en mi rueda en movimiento,
en el mundo de pies sucios,
rock y amores difíciles.
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