Qué suerte.
Estoy ligeramente borracha por la cerveza al sol y por la cantidad de comida familiar que he saboreado lentamente, escuchando conversaciones fáciles y relajadas. No paran de sonar los ladridos de los perros y eso es buena señal de vida, diría Juan Rulfo. Cantan también gallos confundidos al sol de media tarde y los pájaros compiten a escandalosos con los tolones de las vacas vecinas. El motor de la depuradora de fondo ronronea y el cri-cri de los que no se dejan ver termina de poner la banda sonora a las crónicas de los últimos viajes y las más recientes noticias, para poner al día a los amigos con destinos distantes. Alguien ha encendido una motosierra, en el monte de enfrente quizá, y su estruendo retumba por el valle y se remueven las ramas y sus habitantes inquietos.
Huele ahora a café y las palabras se ralentizan, se escapa de la sombra y se busca el sol de marzo que calienta los rostros y les hace olvidar el frío ya. Qué fácil parece la vida, conversar, tejer, cocinar, fregar, relatar tus eventos y los míos, ponernos de acuerdo para el próximo día en el que vendremos a estar, a ser, sin hacer demasiado, a vivir fácil, sin esforzarnos en aparentar, ni hablar sin ganas, ni dejar de dormir la siesta si tengo sueño, sin vestirme para la ocasión, sin peinarme más que con las margaritas que adornan las lindes del césped demasiado crecido. Pronto vendrá el calor y a la fauna sinfónica se le sumarán las avispas al borde de la piscina y vendrán niños invitados a ocupar nuestras horas en remojo, porque estamos lejos y ahora bebemos mucha cerveza y nos damos pocos baños; ahora salimos menos de fiesta y charlamos más con los que nos han criado en este oasis de piedras rotas y olivos trepados.
Están floreciendo los gamones, aunque faltan dos meses para que cumplan con su tradición y el olor a candela perfume este valle retumbando. Qué paz en esta tarde de sol tibio, qué fácil. Se acaba el café y las conversaciones evolucionan hacia los planes de mis primas y mis hermanos, las criaturas aquí criadas entre tolones y cri-cri y quiquiriquí y pinqueo y perros de la vecina que quisimos como nuestros. Ay, qué paz, qué fácil, qué ganas de subirme a un olivo como hace quince años y verlo todo desde el reposo de la digestión perpetua, desde el agotamiento de horas de balón y canasta. Qué bien, qué paz, qué fácil, la herencia de lirios y gamones y de conversaciones sin pretensiones, sin modelitos para la ocasión, sin obligaciones. Qué bien, qué fácil, qué suerte.
Huele ahora a café y las palabras se ralentizan, se escapa de la sombra y se busca el sol de marzo que calienta los rostros y les hace olvidar el frío ya. Qué fácil parece la vida, conversar, tejer, cocinar, fregar, relatar tus eventos y los míos, ponernos de acuerdo para el próximo día en el que vendremos a estar, a ser, sin hacer demasiado, a vivir fácil, sin esforzarnos en aparentar, ni hablar sin ganas, ni dejar de dormir la siesta si tengo sueño, sin vestirme para la ocasión, sin peinarme más que con las margaritas que adornan las lindes del césped demasiado crecido. Pronto vendrá el calor y a la fauna sinfónica se le sumarán las avispas al borde de la piscina y vendrán niños invitados a ocupar nuestras horas en remojo, porque estamos lejos y ahora bebemos mucha cerveza y nos damos pocos baños; ahora salimos menos de fiesta y charlamos más con los que nos han criado en este oasis de piedras rotas y olivos trepados.
Están floreciendo los gamones, aunque faltan dos meses para que cumplan con su tradición y el olor a candela perfume este valle retumbando. Qué paz en esta tarde de sol tibio, qué fácil. Se acaba el café y las conversaciones evolucionan hacia los planes de mis primas y mis hermanos, las criaturas aquí criadas entre tolones y cri-cri y quiquiriquí y pinqueo y perros de la vecina que quisimos como nuestros. Ay, qué paz, qué fácil, qué ganas de subirme a un olivo como hace quince años y verlo todo desde el reposo de la digestión perpetua, desde el agotamiento de horas de balón y canasta. Qué bien, qué paz, qué fácil, la herencia de lirios y gamones y de conversaciones sin pretensiones, sin modelitos para la ocasión, sin obligaciones. Qué bien, qué fácil, qué suerte.
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