Cavilar marítimo al despertar
El sonido de las olas
acompaña mi decrépito despertar.
Ha llovido toda la noche
y yo
he dormido más de cuatro horas
en la incertidumbre de hacia dónde huir hoy,
de alejarnos del mar
en pos del hogar que no logro ubicar.
Me he pintado las uñas después de muchos meses
con un esmalte oculto en el baño de tu madre,
nunca se lo he visto a ella
y yo
me siento muñeca falsa y pintada
mientras sujeto este boli que imagino también de ella
y a mí me queda tan grande ahora.
El sonido de las olas
acompaña mi despeinado cavilar.
Huele a café desde la cocina
y yo
me dejo saludar por el mar violento y gris
y lo siento espejo y cercano.
Nos alejamos de él hacia la ciudad mora hoy,
conduciré despacio
para no escapar rápido del sentir atlántico
que se evapora en mis días urbanos.
Agarraré el volante con uñas pintadas del color de la mar,
en la cabeza el pelo revuelto con aroma a sal,
sin hogar ni rincón ni habitación propia
más que el suelo que me sirve de mesa,
más que las olas que son banda sonora,
más que el recuerdo de una sierra que a veces no siento mía.
Voy a vagar con uñas y pelo y recuerdo
de esta mañana lenta y oscura
en la que haces café y me imaginas dormida,
ignoras que la tormenta marítima ha atravesado el balcón
y se ha hecho dueña del cavilar de mi despertar.
acompaña mi decrépito despertar.
Ha llovido toda la noche
y yo
he dormido más de cuatro horas
en la incertidumbre de hacia dónde huir hoy,
de alejarnos del mar
en pos del hogar que no logro ubicar.
Me he pintado las uñas después de muchos meses
con un esmalte oculto en el baño de tu madre,
nunca se lo he visto a ella
y yo
me siento muñeca falsa y pintada
mientras sujeto este boli que imagino también de ella
y a mí me queda tan grande ahora.
El sonido de las olas
acompaña mi despeinado cavilar.
Huele a café desde la cocina
y yo
me dejo saludar por el mar violento y gris
y lo siento espejo y cercano.
Nos alejamos de él hacia la ciudad mora hoy,
conduciré despacio
para no escapar rápido del sentir atlántico
que se evapora en mis días urbanos.
Agarraré el volante con uñas pintadas del color de la mar,
en la cabeza el pelo revuelto con aroma a sal,
sin hogar ni rincón ni habitación propia
más que el suelo que me sirve de mesa,
más que las olas que son banda sonora,
más que el recuerdo de una sierra que a veces no siento mía.
Voy a vagar con uñas y pelo y recuerdo
de esta mañana lenta y oscura
en la que haces café y me imaginas dormida,
ignoras que la tormenta marítima ha atravesado el balcón
y se ha hecho dueña del cavilar de mi despertar.
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