30 de diciembre

Suena jazz
más maullido de gato
que ruge por salir a investigar.
Sol perpendicular,
mesa invernal, mármol helado
y los dedos los siento partir,
no son mi mano ya,
no son mi cuerpo ahora;
los imagino agonizar lentos
blanquecinos
mientras bailan al son
de una trompeta rebelde,
se dejan ir, se alejan.

Miembros perdidos, mi cuerpo
mutilado apenas por una percepción
similar a la del pecho
insatisfecho, inexistente,
inodoro, incoloro, irrelevante,
ajeno al sentir distante
tan intenso y tan fuera
de mi mundo quieto.
Lejos, como estos dedos
que incluso muertos escriben.

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