Etiquetado.
Soy hija,
hermana,
compañera,
amiga.
Soy vegana,
atea,
feminista.
He sido pija en Sevilla,
moderna en Barcelona
y soy hippie cuando estoy en Granada y siento mis piernas sin depilar al sol y mis botas de montaña en los pies, preparadas por si surge andar entre barro para encontrar el sitio perfecto desde donde mirar la ciudad mora con una cerveza bien fría y una conversación a la deriva.
He sido una cosa y la contraria, y todavía, al final, solo soy demasiado joven para saber lo que soy. Soy etiquetas externas que yo intento hacer cuadrar en este puzzle despersonalizado que sería si fuera tantas. Soy utopías soñadas en clases de historia que se confabulan para decirme que son posibles, que siga avanzando hasta alcanzarlas, que todas las luchas han merecido la pena, que han salido de cabezas de téoricas, pensadoras, filósofas, soñadoras, raras, etiquetadas. Soy el miedo ante el adjetivo que no me define, ante la palabra que es atributo no buscado, ante el complemento no pedido que se esconden en un frío diccionario, porque si salieran a la calle se derretirían bajo el sol de mi realidad, se desmoldearían hasta deshacerse y quedarse sin prefijo ni sufijo y apenas sobreviviría su raíz para hacerla ya mía. Y así, pasar de in-segura a segura-mente.
hermana,
compañera,
amiga.
Soy vegana,
atea,
feminista.
He sido pija en Sevilla,
moderna en Barcelona
y soy hippie cuando estoy en Granada y siento mis piernas sin depilar al sol y mis botas de montaña en los pies, preparadas por si surge andar entre barro para encontrar el sitio perfecto desde donde mirar la ciudad mora con una cerveza bien fría y una conversación a la deriva.
He sido una cosa y la contraria, y todavía, al final, solo soy demasiado joven para saber lo que soy. Soy etiquetas externas que yo intento hacer cuadrar en este puzzle despersonalizado que sería si fuera tantas. Soy utopías soñadas en clases de historia que se confabulan para decirme que son posibles, que siga avanzando hasta alcanzarlas, que todas las luchas han merecido la pena, que han salido de cabezas de téoricas, pensadoras, filósofas, soñadoras, raras, etiquetadas. Soy el miedo ante el adjetivo que no me define, ante la palabra que es atributo no buscado, ante el complemento no pedido que se esconden en un frío diccionario, porque si salieran a la calle se derretirían bajo el sol de mi realidad, se desmoldearían hasta deshacerse y quedarse sin prefijo ni sufijo y apenas sobreviviría su raíz para hacerla ya mía. Y así, pasar de in-segura a segura-mente.
¡Magnífico! Has conseguido etiquetar lo inetiquetable, quitándote, al mismo tiempo, las etiquetas y definiéndote de tal modo que todas podemos ser, en cualquier momento, tú.
ResponderEliminarChapeau!
Bru-tal amiga❤️
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