Veredas nuevas.
Vamos a despertar y vamos a largarnos de aquí, más allá de nubes grises y de conversaciones giratorias. Vámonos, chiquillas que estáis dentro de mí, las que creéis que es ya tarde para salir. Salid conmigo también, todas las hermanas mías, las hijas de otras madres, las nietas de otras abuelas, porque si avanzamos juntas (todas las vosotras y todas las yo) en el camino surgirán veredas nuevas donde plantar nuestro arte, donde enterrar las vergüenzas, donde dejarnos ser, donde querernos bien.
No pasa nada si traemos viejos apuntes de nuestra vida segura: despertadores, viejas mantas, un pantalón o dos; quizá lo necesitemos durante un tiempo. Pero luego vamos a enfrentarnos a todo, hasta que no quede nada y ya esté todo bien, sin nada así.
Necesitaremos tiempo de cerrar, de adaptar, de advertir a quienes están a nuestro alrededor que vamos a salirnos de la vereda, por si nos echan en falta en el camino principal. Pero, una vez esté todo resuelto, toda la burocracia terminada, todas las despedidas besadas, vamos a querernos libres: todas las vosotras y todas las yo, recorriendo senderos al ritmo del sol, sin apuntes, ni mantas, ni miedos, ni pantalones.
No pasa nada si traemos viejos apuntes de nuestra vida segura: despertadores, viejas mantas, un pantalón o dos; quizá lo necesitemos durante un tiempo. Pero luego vamos a enfrentarnos a todo, hasta que no quede nada y ya esté todo bien, sin nada así.
Necesitaremos tiempo de cerrar, de adaptar, de advertir a quienes están a nuestro alrededor que vamos a salirnos de la vereda, por si nos echan en falta en el camino principal. Pero, una vez esté todo resuelto, toda la burocracia terminada, todas las despedidas besadas, vamos a querernos libres: todas las vosotras y todas las yo, recorriendo senderos al ritmo del sol, sin apuntes, ni mantas, ni miedos, ni pantalones.
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