Hasta que estés.
En mis días más nublados,
cuando el madrugar no satisface
y el café caliente no reconforta,
ven tú con tus ojos de noche
y oculta el sol, no me importa,
no hace falta su presencia
si quien te acompaña es la luna.
En mis amaneceres fríos te espero
y tu aroma, presente en mi piel,
me hace débil cuando te sueño,
mientras mi piel, erizada al pensarte,
se torna cálida en las horas del recuerdo
y mis manos recorren mi cama,
te buscan ansiosas y ágiles,
hasta que vuelo y me recreo en tu imagen.
Ojos oscuros, pupila camuflada,
atravesad la luz tenue de este zaguán
que bloquea la entrada al disfrute
con una cerradura de nostalgia
y hace de los días una canción simple,
pero que se puede arreglar con risas y acordes
si con tus focos oscuros y tu voz
encuentras el camino hasta mi piel,
que te espera y no es paciente,
pues sueña con disfrutarte
cada hora, cada día hasta que estés.
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