Fines.
Llevo días sin escribir en esta libreta, por miedo a que se acabe.
Quizá es eso lo que me para: no soy capaz de aceptar el fin. Ni el de esta libreta,
Quizá es eso lo que me para: no soy capaz de aceptar el fin. Ni el de esta libreta,
ni de los días
(por eso me quedo hasta las tres de la madrugada viendo videos que no me interesan, leyendo cualquier cosa que caiga delante de mis ojos),
ni de los años
(por eso de pequeña lloraba desde las 23:45 hasta las campanadas y de mayor vivo el mes de diciembre con un nudo en el estómago que multiplica mi incertidumbre cada mañana),
ni de nuestra historia
(por eso te idealizo y los comparo a todos contigo y te llevo conmigo como un equipaje que es precioso, pero pesa y me impide entrar en sitios nuevos; no cabemos la maleta y yo).
Ahora me he buscado una libreta nueva. Tiene una maleta de flores dibujada en la portada, para que venga (y vengas) siempre conmigo. Así no tengo que cargar con tu peso sumado al mío para hacerte partícipe de mis historias.
Estamos a dos de diciembre y todavía no hay nudo. Quizá pueda esquivarlo con cada principio, o con cada fin.
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