Dos días antes del Solsticio

Apaga la música, niña
y empieza a escribir.
No pienses en que a la libreta
le quedan cuatro hojas
sin manchar de tinta.
No pienses en que a la primavera
le quedan dos días
para terminar su ciclo.
No importa mucho
si un poema queda roto
o compartido
entre dos libretas.
No pasa nada
si en San Juán
o en Litha
derramas el cacho gallego
antes de saltar la hoguera.
No te culpes, niña,
si la perfección escapa.
Escribe medio poema,
salta y cae rodando,
pero escribe, pero salta.
Te bañó la Luna llena
anoche entre la brisa fresca
sobre el techo que te ha criado.
Te canta hoy la Luna
para que no la eches de menos
en la noche breve
del Solsticio.
Te pide que escribas, niña,
te pide que llores.
Le parece a ella
que la ausencia de cantos sentíos
es vacío y es tristeza,
es oscuro y amargura.
«Se queda corta la vida»,
cuenta Ella,
«al no reflexionarla, al no pintarla».
Escríbele, baílale, sollózale
a la Luna menguante mañana
para que su recogimiento te acompañe
en tu arte y en tus días,
pues Luna y Vida, Vida y Luna
precisan oírte.
Te contestarán, dicen,
que mantengas oídos alerta, piden.
Apaga la música, niña.
Escucha la noche más corta.

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