Hoy no he dormido, pero mira como sueño.


Hoy no he dormido y me he levantado a limpiar, como una mujer de bien, porque, niña, con el cuarto así, normal es que no puedas ni quieras dormir, algo estás haciendo mal, anda, levántate que ya son las 8 y no son horas decentes. ¿Qué es decencia? ¿Culpa? ¿Autofustigamiento? ¿Qué coño hago despierta sin haber dormido, si apenas puedo hilar ideas y no me da la gana de sentarme delante del ordenador para otra cosa que no sea ver Downton Abbey e imaginarme sufragista? Que no funciono sin dormir, es obvio. Que no sé obligarme a dormir, también. Que tengo que aprender a aprenderme y a dormirme y a pasar del móvil y a pasar del libro y a pasar de la radio mañanera, delicia que me hace recordarme pequeña y en la cama de mis padres mientras se visten para trabajar y yo me quedo con abuela y abuelo a cortar verduras porque «hoy me duele mucho la barriga, creo que voy a tener que quedarme en casa». Que me siento débil si no duermo, que no me caigo bien, que tú sí que me caes bien, que no creo merecerme la vida. Ay, niña, calla, duerme, apaga el cerebro. «Últimamente pensar está sobrevalorado», acaba de decir la abuela Violet, desde el portátil, y a las abuelas hay que hacerles caso, al menos eso nos han dicho siempre. 

No duermo porque sé que, aunque a veces cueste llegar a concebirlo, hay emoción, hay arte, hay mujeres hermanas, hay hombres buenos, hay respeto, hay ganas de compartir y llorar de amor. Hay unas ganas de explotar y explorar presentes en el aire que me oxigena las células y que me pide que me levante, que salga, que haga, que hagamos todas, que busque, que encuentre, que viva y que, cuando tenga que morir, muera satisfecha, con un poema a punto de salirme de la boca, dispuesta a bailar la última cumbia que tenga preparada la noche eterna que sucederá a mis desvelos. 

No duermo porque hace sol y brisa fresca mañanera, porque ayer estuvimos tocando la guitarra debajo de un jazmín y hubo más risas que polen, más alegría que alergia, y mira que canto mal, pero nadie me lo dijo; porque desde el insomnio compartido de haberte saltado la noche y la siesta y el fin de semana entero, desde el leer, el cantar, el aprender, el viajar y el compartir, no hay nadie que desafine si canta a través de los dientes mientras sonríe. 

Hoy no he dormido y me he levantado a limpiar, pero ahora estoy oyendo una música que me lleva a la utopía de la sororidad y veo a todas mis hermanas impulsándose unas a otras, a la abuela Violet, que aunque abuela, es hija del patriarcado, ofendida por nuestra falta de sujetador y de respeto a las banderas y a los protocolos, por nuestros puños al aire y por nuestras ojeras sin maquillar. 

Hoy no he dormido, pero mira como sueño, lo veo y lo revivo. Ahora le pongo caras reales a la ensoñación, al arte, a las mujeres que luchan, que me impulsan y me sacan de la cama para seguir aprendiendo, que ya mañana, cuando estemos tranquilas, dormiré.



Imagen de Iris Serrano, @irisserranoilustracion

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