Cuando el azahar alcance tu pelo.

Que cuando el azahar te alcance
tengas los poros abiertos,
las esperanzas preparadas,
la vista alta en el límpido celeste
y los pies descalzos, sin atar.

Que cuando el rumor del río te llame
tengas los sentidos relajados,
las ganas de aprenderte vivas,
las manos abiertas sintiendo el agua clara
y la cara fresca, sin maquillar.

Vete al monte,
súbete a un olivo
que te ofrezca el horizonte eterno
y apoyada en las hojas finas
deja que el viento te dibuje
y te conozca.

Cierra los ojos y abre el pecho
y que el sol te lama las cicatrices
de un invierno largo y seco,
sin soles ni ríos ni cielos límpidos.

Tira tus zapatos lejos
y que la tierra te calce
y que el rocío te bañe
y que las pecas te maquillen.

Déjate mecer por esta primavera breve,
que ya llegará el verano
con su noches sin dormir,
con su exagerada vida.

Déjate querer por el azahar blanco,
que te entiende y quiere estar en tu pelo,
cerca de tus ideas y de tu mente solitaria,
ahí arriba del olivo, con un abril para ti.

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